martes, 19 de enero de 2010

El amor no se define por color, credo ni género.

Soy la madre que no se le permite visitar a los hijos que dió a luz, cuidó y crió.
Las cortes dicen que no cumplo los requisitos de una madre porque ahora vivo con otra mujer.
Soy el muchacho que nunca terminó el instituto porque todos los días me llamaban maricón.
Soy la muchacha que echaron de su casa porque le confesé a mi madre que era lesbiana.
Soy la prostituta trabajando en las calles porque nadie quiere contratar un transexual.
Soy la hermana que abraza fuertemente a su hermano gay durante largas noches de miedo y llanto.
Somos los padres que enterraron a su hija mucho antes de lo debido.
Soy el hombre que murió sólo en el hospital porque no le permitieron a quien fue mi pareja durante 27 años, acceso a la habitación.
Soy el niño huérfano que se despierta con pesadillas donde lo sacan del único hogar donde le han mostrado amor, simplemente porque tiene dos padres.
Cómo desearía que me adoptaran. Yo no estoy entre los que han tenido suerte.
Me suicidé solo semanas antes de graduarme del instituto. Ya no podía aguantar más.
Somos la pareja que el casero dejó plantada cuando se enteró que queríamos alquilar un cuarto para dos hombres.
Soy la persona que nunca sabe qué baño utilizar si no quiere evitar ser mal visto por la sociedad.
Soy la superviviente de violencia doméstica que se dio cuenta que el sistema de apoyo se volvió frío y distante cuando se enteraron que mi pareja abusiva era también una mujer.
Soy el superviviente de violencia doméstica que no tiene sistema de apoyo alguno al que acudir porque soy un hombre.
Soy el padre que nunca ha abrazado a su hijo porque crecí con miedo a mostrarle afecto a otros hombres.
Soy el chico que todos insultan y maltratan en clase y al que no ayudan los maestros, que giran la cabeza con absoluto desprecio.
Soy la maestra de economía que siempre deseó ser maestra de deportes hasta que alguien le dijo que sólo lesbianas hacen eso.
Soy la mujer que murió cuando los médicos dejaron de tratarla al enterarse que era un transexual.
Soy la persona que se siente culpable porque pienso que podría ser una mejor persona si la sociedad no me aborreciera.
Soy el hombre que dió de lado a sus creencias, no por dejar de creer, sino porque me rechazaban como persona.
Soy un militar sirviendo a mi país, pero no puedo revelar mi verdadero estilo de vida porque ser gay no está permitido en el ejército.
Soy la persona que tiene que ocultar y reservar en lo más íntimo lo que este mundo más necesita: amor.
Soy la joven que se avergüenza de confesarle a sus amigas que soy lesbiana, porque constantemente hacen bromas de ellas.
Soy el muchacho que sube cada día al autobús con el corazón a mil porque sabe que recibirá un golpe sin razón alguna más que soy maricón.
Soy aquél que sufrió que le arrojaran piedras por gustarme los chicos.
Soy la estudiante a las que todos llaman machorra por vestir ancho.
Soy el joven amarrado a una verja, golpeado brutalmente y abandonado a mi suerte porque dos hombres 'machos' querían 'darme una lección', asesinado por ser gay.
Somos los chicos y chicas a los que los policías honrados y viriles como yo chantajeamos, acosamos, golpeamos o torturamos en la comisaría al verlos besarse con alguien de su mismo sexo. Y el jefe después de una de estas “cacerías" siempre nos dice "aquí no ha pasado nada".

sábado, 13 de diciembre de 2008

Odio tu voz,que siempre te hace sentir tan segura de todo lo que dices...
Odio cada sonido que llegó a salir de tu boca.
Odio la forma en que tienes de reírte a carcajadas, pero odio aún más cuando te ríes solo para que lo haga yo.
Odio la manera en que consigues hacer creer a los demás todo lo que dices, no se como lo haces...pero siempre lo consigues.
Odio que siempre me hagas olvidar la razón por la que me enfadé contigo, y odio que lo hagas desde la primera palabra que dices.
Odio tu manera de decir te quiero, y odio que simplemente con dos palabras consigas que me olvide de todo lo demás.
Te odio, y aún así a veces sigo encontrándote por algún rincón de mi cabeza, escondida...ni siquiera se donde.
Será porqué realmente lo que más odio es que, aunque intente convenzerme de lo contrario, no puedo conseguir odiarte.